“Del producto de tus labios te saciarás. Muerte y vida están en el poder de la lengua.” (Proverbios 18:20-21)
De nuestra boca deben salir solo palabras
de vida y no de muerte,
de salud y no de enfermedad,
de riqueza y no de pobreza
de bendición y no de maldición.
Ya lo dice el proverbista, hay poder en la lengua, y fruto de ella recibiremos lo que hemos declarado.
Quitemos de nuestro vocabulario las siguientes frases:
- “Éste es la muerte”, porque a ella estás llamando para alguien (tus hijos, tu esposa, tus amigos)
- “Estoy de mala racha”, es declarar fracaso en las finanzas.
- “Acuérdate de los pobres”, es estar en la escasez permanente.
- “Este país nunca cambia siempre lo mismo”, y luego reclamamos por qué no avanza el país.
- “Siempre perdemos, nunca llegaremos al mundial”, esto es maldecir siempre al equipo nacional.
Cambiemos el chip de nuestro vocabulario por las siguientes frases:
- “Éste es tremendo”, porque cosas grandiosas, admirables, colosales, enormes hará el Señor en tus hijos, tu esposa y tu familia.
- “Soy afortunado”, es mejor llamar a la prosperidad y alejar la mala suerte.
- “Porque soy millonario en bendiciones”, jamás te sentirás menos si declaras abundancia y no pobreza.
- “Pero este país saldrá adelante, ya lo veo”, es como anunciar el cambio evidente que deseas.
- “Muy pronto estaremos en el mundial”, es declarar el anhelo que todos queremos ver y así será.
Esto, mis queridos amigos: “Es llamar a las cosas que no son como si fuesen” (Romanos 4:17)