martes, 8 de octubre de 2013

LA TEOLOGÍA DEL ÉXITO

Vivimos en una época que ha endiosado y ha promovido desmedidamente los conceptos de autosuperación y autorealización. La idea es que tenemos que ganar a toda costa, sin margen de error ni mucho menos con lugar a la derrota. Lo más lamentable es que esta necesidad de “éxito” ha tocado las fibras más íntimas del evangelio moderno. En otras palabras, la iglesia cristiana también ha sido arrastrada por esta tendencia, al punto que los mensajes que se predican, los libros que se escriben y la música que se compone buscan satisfacer esta necesidad. El evangelio de la prosperidad, la creencia de que somos invencibles, la invitación desmedida a creer nosotros y otras enseñanzas como estas, son producto de lo mismo. A esta forma de enseñanza la he llamado “la teología del éxito”.

Cuando le damos una hojeada al Nuevo Testamento, nos encontramos con una verdad totalmente opuesta a la teología del éxito. La decepción es mayor cuando miramos con detenimiento las palabras de Jesús, porque “las letras rojas” en los evangelios, no dicen absolutamente nada acerca del éxito. Más bien toda la invitación que nos hace es a morir, a rendirnos, a perder y a entregarnos.

Casi todos los mensajes de Jesús estuvieron sazonados con frases como “toma tu cruz”, “perder tu vida”, “no tengo donde poner mi cabeza” y muchas otras semejantes, que no tienen en absoluto nada que ver con el éxito. Sin lugar a dudas, los evangelios atentan contra la “teología del éxito”.

Es verdad, que somos más que vencedores, que tenemos seguridad de victoria, promesas de abundancia y bendición. Pero casi siempre, estas promesas se manifiestan cuando demostramos fidelidad en la derrota, en la escasez y el fracaso. Como Pablo (el gran exitoso) que aprendió a convivir con la escasez, el fracaso y la derrota. Si hubiéramos juzgado a Pablo con los estándares de hoy, seguramente lo hubiéramos tenido por fracasado, mediocre y perdedor (Menos mal que el gran apóstol, no vivió en estos días).

En el evangelio, el que quiera ser el primero, debe antes ser último. El que quiere ser grande debe antes ser pequeño y el que quiera tener mucho debe ser fiel en lo poco.
Ser último, pequeño y tener poco, quizás son condiciones que no armonizan con nuestra “teología del éxito”, pero son los caminos que Dios escogió para formarnos, levantarnos y bendecirnos. No cambiemos el mensaje. No nos engañemos. No dramaticemos la escasez, el dolor y la derrota. Dios sigue siendo Dios. La biblia sigue siendo la biblia. El éxito en la vida cristiana, empieza con lágrimas, derrotas y fracasos. Pero todos son pasajeros.

El verdadero éxito se verá si al final de nuestros días podemos decir “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7 RVR60). El resto es una mala interpretación de lo que significa éxito. “La teología del éxito”.


Publicación tomada del blog "El Teclado de Gerson".  
http://blogcristiano.info/caracter-cristiano/la-teologia-del-exito/


 

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