Porque para el que cree nada es imposible. Ve y como creíste te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
domingo, 20 de mayo de 2012
¿Cómo comunicarnos con Dios?
Muchas personas dicen creer en Dios, pero no creen en su palabra. Ese Dios que parece ser inanimado e indiferente esta esperando que tú te comuniques con Él, y ¿cómo lo harás?: a través de la Oración.
Orar es conversar con Dios, abriéndole tu corazón con la misma libertad y confianza como lo harías con tu mejor amigo y algo maravilloso sucederá. Él te hablará también a ti a través de la lectura de su palabra, a través de los eventos de tu vida diaria, incluso hasta en tus sueños. Y es que la oración no es un monólogo, sino un diálogo. ¡Nunca lo olvides! Ten en cuenta que cuando oras no es que Dios te escuche desde el cielo, sino que Él esta presente contigo porque vive en tu corazón. En la medida que llegues a comprender esto, tu vida de oración se incrementará al igual que tu fe.
Debes saber que Dios nos recompensa por buscarle. Nadie sale de la presencia de Dios con las manos vacías.
Orar no es un castigo ni una penitencia, sino es el más grande privilegio de acercarnos a Dios.
Cuando ores, no seas repetitivo en las palabras: “Y orando, no uses vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”(Mateo 6: 7).
Tampoco pienses que orar es el último recurso que queda ante una situación difícil. La oración debe ser permanente comunicación con Dios como cuando conversas a diario con las personas que te rodean.
Pero también debes tomarte el tiempo para oír lo que Dios nos habla. De pronto un versículo o un pasaje nos llama la atención porque nos parece que es justo lo que necesitamos para la situación que estamos viviendo.
Por eso, cuando ores busca primero un lugar determinado para orar (busca privacidad) como dice en su palabra: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).
Luego, busca la presencia de Dios unos minutos antes de empezar a orar. Medita en lo poderoso que es Él, en lo grande de su misericordia y entonces cuando sientas su dulce presencia, recién empieza a orar dándole gracias por su perdón, por el don de la vida, por la salud, por nuestra familia, por los alimentos, por los favores recibidos, por más pequeños que éstos fueran, etc.
Pídele perdón por tus pecados o faltas y que tu oración sea una oración de fe. La fe es lo que mueve la mano de Dios.
Pídele conforme a su voluntad y en el nombre de Jesús, como dice en Juan 14:13-14: “Y todo lo pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. Más no pidas cosas vanas: “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4: 3).
Finalmente da lectura a un pasaje de la Biblia y termina agradeciendo con fe la respuesta dada.
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